María del Mar Duque Arte, palabras y escenarios desde España

María del Mar Duque

Arte, palabras y escenarios desde España

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Asiento 14, ventanilla: mis estrenos secretos en el autobús de línea
Ensayo personal

Asiento 14, ventanilla: mis estrenos secretos en el autobús de línea

He ensayado monólogos rumbo a Badajoz, afinado coplas entre Almería y Granada y probado personajes frente a pasajeros que no pagaron su entrada. El autobús de línea, esa sala de estreno sin cartel, también ha sido mi escuela de interpretación.

La palabra que me dio un niño de siete años en la fila del salidas
Ensayo personal

La palabra que me dio un niño de siete años en la fila del salidas

Hay una crítica que no sale en ningún periódico: la que te susurran en la puerta del teatro cuando todavía llevas el maquillaje a medias. Un ensayo sobre las frases fugaces del público y por qué las guardo todas.

Plumier, tizas y un micro que se apaga solo: mi vida de artista con tres trabajos
Ensayo personal

Plumier, tizas y un micro que se apaga solo: mi vida de artista con tres trabajos

Entre una clase de Lengua a las ocho de la mañana y una boda en Villaverde a las once de la noche, he aprendido que la vocación no paga el alquiler, pero tampoco se paga con nada. Este es mi retrato de la precariedad digna: la que se sobrevive con humor, tizas y mucho pegamento en las suelas.

La cocina como primer escenario: lo que mi abuela me enseñó del duende sin querer
Ensayo personal

La cocina como primer escenario: lo que mi abuela me enseñó del duende sin querer

Coplas a media voz, refranes soltados como quien echa sal y historias contadas mientras hervía el café: mi abuela no sabía que estaba dando clases magistrales. Este ensayo es mi intento de entender si el arte se hereda, se contagia o simplemente se cocina a fuego lento.

Ensayo personal

Regar la historia a mano: mi cuaderno en un cortijo de Almería

Me fui a un cortijo del levante almeriense con dos guiones a medio hacer y volví con una lección de agricultura aplicada a la escritura. Entre invernaderos, acequias y una regadera oxidada, entendí que las historias no se fuerzan: se cultivan.

Corcho, rotulador y gloria: la marquesina donde nació mi primer nombre de artista
Ensayo personal

Corcho, rotulador y gloria: la marquesina donde nació mi primer nombre de artista

Antes de los teatros, los contratos y las luces de sala, existió un cartel de corcho clavado en el pasillo de casa de mi abuela. Aquella marquesina casera anunciaba funciones de salón con entradas de cartulina, y en ella aprendí que un nombre artístico no se elige: se descubre.

Una semana en El Cuervo: lo que un pueblo blanco de Cádiz le hizo a mi cuaderno
Ensayo personal

Una semana en El Cuervo: lo que un pueblo blanco de Cádiz le hizo a mi cuaderno

Me fui siete días a una residencia de creación en la sierra de Cádiz con la intención de escribir una obra y volví con otra muy distinta. Esto es el diario de lo que pasa cuando el paisaje, las tapas de media tarde y las vecinas que te preguntan a qué te dedicas reescriben tus rituales.

Cuarenta grados a la sombra y una voz que aguante: crónica de mi agosto por las plazas de España
Rutas y escenarios

Cuarenta grados a la sombra y una voz que aguante: crónica de mi agosto por las plazas de España

Verbenas, plazas mayores y alcaldes con más fe que presupuesto: así se me fue el mes de agosto. Aquí va mi manual de supervivencia, con lo que aprendí a golpe de termómetro y de garganta.

La mesa del comedor era mi escenario y nadie pudo pararlo
Ensayo personal

La mesa del comedor era mi escenario y nadie pudo pararlo

Antes de los teatros, los camerinos y las giras, hubo una mesa de comedor, un público de cinco personas emparentadas conmigo y una función diaria sin entrada ni descanso. Este es un recorrido por el teatro doméstico donde todo empezó.

La contabilidad del aplauso: mi función se produjo con dos mil euros y mucha fe
Ensayo personal

La contabilidad del aplauso: mi función se produjo con dos mil euros y mucha fe

Nadie ve el papel de cálculo que quedó pegado al espejo del camerino. Aquí desgrano, con cifras y sin vergüenza, lo que me costó —en euros y en horas de sueño— llevar mi último montaje del garaje al estreno.

Balcón abierto: la merienda de las nueve que me devuelve las palabras
Ensayo personal

Balcón abierto: la merienda de las nueve que me devuelve las palabras

Hay un taller de escritura en mi barrio que no imparte clases ni cobra matrícula: una mesa plegable, cuatro sillas de anuncio y las vecinas de siempre. Entre café con hielo y pan tostado aprendo más de idioma que en cualquier manual de estilo.

El cajón está que echa chispas: retrato de mis proyectos sin estrenar
Rutas y escenarios

El cajón está que echa chispas: retrato de mis proyectos sin estrenar

Todo creador tiene un cajón donde duermen los proyectos que nunca llegaron a estrenarse. Yo tengo cinco, y hoy abro el cajón delante de todos: una comedia musical sobre una oficina de correos, un monólogo de una vidente de feria y otras criaturas que piden pista.

Salas con encanto: diez teatros de pueblo donde el aplauso se siente en la nuca
Rutas y escenarios

Salas con encanto: diez teatros de pueblo donde el aplauso se siente en la nuca

Olvidémonos un fin de semana de los grandes teatros de capital. Esta es mi ruta personal por salas modestas de la España interior, donde la primera fila huele a azulejos, el actor te reconoce en el bar de al lado y el aplauso te llega a la nuca.

El compás del Mediterráneo: cuando aprendí a escribir mirando las olas
Ensayo personal

El compás del Mediterráneo: cuando aprendí a escribir mirando las olas

Hay cuadernos que huelen a salitre y a protector solar viejo. Hoy abro los que llené en playas de Alicante y Cádiz para confesar una verdad incómoda: mis diálogos no los inventé yo, los dictó el mar.

A las 3:07 de la madrugada, cuando la casa calla, empiezo a escribir de verdad
Ensayo personal

A las 3:07 de la madrugada, cuando la casa calla, empiezo a escribir de verdad

Hay una hora en la que la ciudad se apaga y a mí me enciende: las tres de la madrugada. Este ensayo es una confesión sobre la vida nocturna de la creatividad, las frases robadas en el metro y la extraña intimidad de crear sin nadie mirando.

Cinco criaturas que viven en mi cajón y piden salir al escenario
Rutas y escenarios

Cinco criaturas que viven en mi cajón y piden salir al escenario

Todos los escritores tenemos un cajón lleno de personajes que esperan su turno. Estos son los cinco que a mí me miran con cara de reproche cada vez que abro el cuaderno: la vecina que lo sabe todo, el poeta fracasado, la niña de los faroles y dos más que todavía no me atrevo a nombrar del todo.

Lo que muere en el ensayo y lo que sobrevive al aplauso
Ensayo personal

Lo que muere en el ensayo y lo que sobrevive al aplauso

Adaptar un texto propio para el escenario es un ejercicio de soltar: de dejar que otras manos estrujen tus frases hasta que suenen a algo distinto, y a veces mejor. Aquí cuento qué sobrevive, qué muere y qué renace en boca de otro.

Mi mochila de gira, abierta en una mesa de camerino
Rutas y escenarios

Mi mochila de gira, abierta en una mesa de camerino

Entre teatros, furgonetas y camas de pensión, la mochila es el único hogar estable de quien vive del escenario. Aquí va su inventario completo: diez objetos, diez historias y algún que otro remedio casero que no debería funcionar pero funciona.

Una lista doble para leer con las luces de la sala apagadas
Rutas y escenarios

Una lista doble para leer con las luces de la sala apagadas

Obras de teatro que se devoran como novelas y novelas españolas que piden a gritos subirse a un escenario. Una doble lista con anécdotas, razones y alguna apuesta arriesgada sobre cómo sonarían sobre las tablas.

Escribo cartas a gente inventada y no pienso dejar de hacerlo
Ensayo personal

Escribo cartas a gente inventada y no pienso dejar de hacerlo

Hay palabras que nacen sabiendo que nadie las oirá, y aun así sostienen todo lo demás. Un recorrido por mis cuadernos, mis cartas a personajes que nunca existieron y lo que ese gesto íntimo le devuelve al escenario.