El cajón está que echa chispas: retrato de mis proyectos sin estrenar
Photo: Unknown, Public domain, via Wikimedia Commons
Hay una gira imaginaria que solo yo conozco. Es la gira de las obras que nunca se estrenaron, con sus carteles imposibles y sus funciones eternas en un teatro que no existe. Hoy he decidido hacerle una visita guiada a ese archivo, porque los proyectos dormidos también merecen su rato de gloria, aunque sea en una web.
Abro el cajón de debajo del escritorio, ese que se atasca, y saludo. Ellas ya me conocen.
La comedia musical del correo electrónico
La más antigua del cajón: un musical sobre cuatro funcionarias de una oficina de Correos en los años noventa. Tengo tres números escritos, incluida una balada sobre el papel de fumar que se cantaba en el turno de tarde. ¿Por qué no ha salido? Porque montar un musical exige dinero, coro y valentía, y yo solo tenía la tercera. Pero cada vez que escucho copla en la radio, ella me guiña un ojo desde el fondo del cajón.
La vidente de la feria
Un monólogo de una sola mujer, cartomante de una feria de septiembre, que una noche le lee las cartas a un hombre que ya está muerto y no lo sabe. La idea me llegó en un pueblo de La Mancha, entre barracas de tirón y algodón de azúcar. Escribí la primera escena en una servilleta que todavía conservo, manchada de azúcar. No ha salido del cajón porque el final me tiene atascada: tengo tres versiones y ninguna me convence del todo.
Las gemelas del patio de vecinos
Una obra coral, casi una tragicomedia, sobre dos hermanas que no se hablan desde 1987 y comparten patio en un bloque de Valladolid. La tengo con las acotaciones más bonitas que he escrito en mi vida. El problema: son dos personajes protagonistas y necesita un reparto que funcione como un reloj suizo. En espera, como dicen los médicos.
El documental de la mariscera
Este no es teatro, pero el cajón no distingue géneros. Una pieza documental sobre una mariscera de O Grove que canta mientras abre los berberechos. Grabé entrevistas, tengo horas de material en un disco duro que ya no leo por miedo a que esté estropeado. Criatura semiacuática, mitad proyecto, mitad recuerdo.
La obra que no sé nombrar
La última del cajón es la más joven y la más tímida: solo tengo un personaje, una mujer que limpia un escenario vacío después de cada función, función tras función, año tras año. No sé qué le pasa fuera de eso. No sé si es comedia o elegía. La dejo ahí, que siga creciendo a su aire.
Un cajón es también una promesa
La gente cree que un proyecto abandonado es un fracaso. Yo lo veo de otra manera: son semillas con fecha de germinación desconocida. El musical de Correos quizá espere a que me atreva. La vidente espera su final. La limpiadora espera su nombre.
Y mientras tanto, el cajón se atasca un poco más cada año, y a mí eso me parece una buena señal. Un cajón vacío sería lo verdaderamente preocupante.