De corrales a catedrales de luz: una ruta escénica por la España que hay que pisar
Photo: Color sépia, Public domain, via Wikimedia Commons
Hay quien colecciona imanes de nevera y quien colecciona butacas. Yo pertenezco al segundo grupo: guardo en la memoria cada asiento de teatro donde he llorado, he actuado o he hecho el ridículo con dignidad. Después de años recorriendo el circuito español —de las grandes capitales a pueblos con más encanto que población—, esta es mi ruta particular, la que recomiendo a quien me pregunta por dónde empezar.
1. Teatro Real de Madrid: la majestuosidad con punto de vista
Empecemos por el clásico de los clásicos. El Teatro Real no es solo un templo de la ópera: es un edificio con capas, de convento del siglo XVIII a sala renacida en 1997. Mi consejo es doble. Primero, si el presupuesto aprieta, las localidades de la parte alta tienen la mejor vista arquitectónica de la sala y una atmósfera casi conspirativa. Segundo, aunque no sea temporada de ópera, sus visitas guiadas merecen la pena: los camerinos y el foso vacíos tienen algo de escenario esperando.
Dato curioso que aprendí de un figurinista: el Real tiene un escenario que puede albergar varias producciones simultáneas gracias a sus plataformas móviles. Es un barco, literalmente.
2. Corral de comedias de Alcalá de Henares: el teatro donde empezó todo
A solo treinta minutos de Madrid se conserva uno de los corrales de comedias más antiguos de Europa, del siglo XVI. Venir aquí es entender de dónde viene el teatro español: el patio, los balcones, el público de pie gritando desde el primer piso.
He actuado en corrales y os digo una cosa: la cercanía con el público cambia por completo la forma de interpretar. Aquí no hay cuarta pared que valga. Si podéis, id a una función de los clásicos del Festival Iberoamericano del Siglo de Oro (Clásicos en Alcalá) en verano. Y luego pasead por la calle Mayor con un cervantino en la cabeza.
3. Plaza Mayor de Chinchón: el patio de butacas más bonito
Hablo mucho de Chinchón y lo seguiré haciendo. Esta plaza castiza, a menos de una hora de Madrid, se convierte en verano en un escenario al aire libre donde los balcones hacen de grada y el cielo de telón. Se han celebrado corridas, conciertos y, por supuesto, teatro clásico.
Mi anécdota: una noche de función al aire libre se cortó la luz y seguimos a vela y a voz en cuello. Fue la mejor función de la gira. Consejo práctico: coméis en alguna de las casas de comidas de la plaza —el cordero asado es obligación— y os quedáis hasta el anochecer, que es cuando la plaza se pone guapa de verdad.
4. Teatro Principal de Zaragoza: la primera actriz española vive aquí
Este teatro debe su nombre a la actriz Josefa Udruz, conocida como «la Principal», pionera entre las primeras actrices españolas. La sala, en plena plaza de Ariño, es una de las más veteranas de España y sigue teniendo una programación valiente.
Añadid al plan un paseo por el casco histórico zaragozano y una parada en el Pilar. Y un truco de local: los teatros de Zaragoza están tan cerca unos de otros que se puede hacer un «festival de fin de semana» sin coger el coche.
5. Festival de teatro clásico de Mérida: cuando el escenario tiene dos mil años
Cierro con la joya de la corona. Actuar en el teatro romano de Mérida es algo que todo artista español sueña y teme a partes iguales: el graderío de piedra, el cielo extremeño de julio, la sensación de que el propio Séneca te está corrigiendo la entonación.
El Festival Clásico de Mérida se celebra cada verano desde 1933 y es una experiencia transformadora incluso para el público no iniciado. Id con algo de abrigo para la madrugada —sí, en pleno julio refresca— y llegad con tiempo para dar una vuelta por la alameda antes de la función. El ambiente previo, con gente de toda España haciendo pícnic entre los laureles, es parte del espectáculo.
Un último apunte de gira
La España escénica no termina en esta lista: hay corrales en Almagro, teatros modernistas en el Levante, plazas de toros convertidas en recintos líricos. Mi recomendación de corazón es que no planeéis demasiado. El mejor escenario es muchas veces el que encuentras de camino a otro, con el cartel de la función escrito a mano y un café con leche esperando en la cafetería de al lado.
El teatro, como este país, se entiende mejor pisándolo.